La práctica de la evaluación incluye análisis y técnicas afines que a menudo se confunden como el
control, el análisis de gestión, el seguimiento, el “benchmarking”, la consultoría, la
investigación aplicada o la auditoría. Sin embargo, su finalidad está indisolublemente unida a los
resultados e impactos de las políticas públicas con una visión más integral.
La evaluación se diferencia de las distintas formas de control (de conformidad y de análisis
de gestión) por el tipo de punto de vista adoptado para apreciar la acción pública. El control y la
auditoría se refieren a normas internas al sistema analizado (reglas contables, jurídicas o normas
funcionales), mientras que la evaluación pretende aprehender, por lo general, un punto de vista
externo de los resultados e impactos de la acción considerada y de los fines pretendidos.
La evaluación puede, no obstante, integrar la auditoría, los informes de seguimiento o el
control de gestión, así como estudios sociológicos que afecten a la realidad estudiada, en la
medida que aporten datos sobre los efectos que se busca medir, interpretar y valorar. La evaluación
no tiene por objeto enjuiciar a los agentes individuales que realizan su misión, sino promover una
cultura de responsabilidad y transparencia de las acciones públicas.
La evaluación se diferencia de la investigación aplicada por el juicio de valor que la
caracteriza y por la mayor premura con la que debe atender los requerimientos políticos y
administrativos.

DEPARTAMENTO DE EVALUACIÓN